Innovación, rentabilidad y sostenibilidad, las tres claves de la investigación

Según una encuesta del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) realizada en 2016, casi el 90% de los ejecutivos consultados decía que una estrategia de sostenibilidad es esencial para que una empresa fuera competitiva.

Pero, ¿qué es exactamente el desarrollo sostenible? Según el Informe de la Comisión de Bruntland elaborado para Naciones Unidas en 1987, se trata de un “desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”. Y esto incluye la sostenibilidad en todas sus dimensiones: social, cultural, económica y medio ambiental.

Para lograrlo, en Repsol contamos con un Plan Mundial de Sostenibilidad que se aplica transversalmente en todas las áreas de la compañía. Esta hoja de ruta estipula desde los requisitos éticos que la compañía debe aplicar en sus relaciones laborales con la plantilla, hasta la priorización de la seguridad y los Derechos Humanos en cada operación que llevemos a cabo. Y es aquí, también, donde se reafirman los imperativos medioambientales que deben prevalecer en todas nuestras áreas, incluyendo, como no podía ser de otra forma, la investigación y la innovación.

Investigación bajo la lupa de la sostenibilidad

El rigor a la hora de aplicar este Plan Mundial de Sostenibilidad en las tareas de I+D+i es contundente. Así, hemos llegado a desarrollar nuevos productos o procesos que suponían un gran avance tecnológico y una reducción de los costes del producto. Sin embargo, cuando estas innovaciones no han logrado superar los estándares de sostenibilidad exigidos —por ejemplo, que la huella de carbono del nuevo producto fuera igual o menor que la de sus predecesores— toda la investigación se revisa para ajustarla a las estrictas normas que nos imponemos en esta materia. Si, pese a los cambios, sigue sin ser sostenible, el proyecto se clasifica en «observación tecnológica», una pausa táctica a la espera de que nuevos avances puedan hacer sostenible todo el proyecto.

Algo similar ocurre también a la inversa. En ocasiones, una investigación arroja resultados positivos en materia de sostenibilidad ambiental, pero alguna fase del proyecto causa una pérdida en la rentabilidad que lo hace inviable desde un punto de vista económico. ¿Qué ocurre en estos casos?

Cuando Repsol ha investigado, por ejemplo, la posibilidad de producir biocombustibles de tercera generación, se han obtenido resultados extraordinarios desde el punto de vista técnico y de sostenibilidad ambiental. En cambio, el proceso resultaba demasiado costoso como para hacerlo comercialmente viable… ¡Por ahora!

En situaciones así, la investigación tampoco se da por descartada. En lugar de desecharla, se reubica en observación tecnológica. Esto permite que ciertas innovaciones puedan ser recuperadas y relanzadas en cualquier momento, aunque inicialmente parecieran menos viables desde el punto de vista financiero. Nuevos avances pueden subsanar las desviaciones económicas haciendo que un gran proyecto con buen desempeño en materia de sostenibilidad ambiental cobre, un tiempo después, viabilidad económica.

De esta forma, innovación tecnológica y rentabilidad económica concurren simultáneamente junto a mejoras en materia de gobernanza, derechos humanos, seguridad, prácticas laborales, medio ambiente, lucha contra la corrupción, atención al consumidor o el compromiso con las comunidades locales.

Fuente: http://blogs.repsol.com/innovacion/innovacion-rentabilidad-y-sostenibilidad-las-tres-claves-de-la-investigacion/